Novena vida viajera…

Qué días esos en los que planeas hacer tantas cosas en el tren y de nuevo te toca ir de pie todo el camino… Y tus ojos miran de un lado para otro, buscan la impaciencia de alguien que se vaya a bajar en la próxima parada, esperas que la persona que tienes delante haga señas de estar llegando a su destino, pero no pasa. Te quedas ahí, pasmado, minuto tras minuto, con el brazo cansado de agarrarte a la barra de la cabecera del de delante, pensando en la multitud de cosas que debiste hacer ayer pero dejaste para ese imposible trayecto de tren. La vida del estudiante que lo deja todo para el último día, supongo. Ese es el tren: te ofrece viajes alucinantes, relajados, cuando no tienes más tarea que escuchar la música de tu ipod y te deja tirado una mañana de estudios… ¡Querido amigo tren!

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Published in: on abril 28, 2010 at 18:34  Dejar un comentario  

Octava vida viajera…

He perdido el tren de nuevo, como cada jueves y esta vez he tenido que susurrarle a la lluvia y pedirle que no me mojara, que no estaba hoy el barco para remar fuerte; pero no se ha apiadado de mí. Me ha calado hasta los huesos, empapando cada parte de mi ser, desde el cansancio hasta el miedo por el examen del viernes, sin olvidarse de esta amarga tristeza de finales de semana que se agarra a esa parte de mi vida que soy incapaz de controlar. Creo que el señor que estaba delante de mí era capaz de percibirla y miraba todo el tiempo mis zapatillas mojadas. Hoy el tren no ha sido el buen amigo que acostumbra; hoy el cielo estaba apagado y ningún espacio guardaba a la alegría esta mañana. Está durando mucho este invierno frío, pero no podemos quejarnos, también duró el calor del verano. Verano, qué gran palabra y qué bien suena en época de exámenes. Mañana el tren y yo volveremos a ser amigos de nuevo, aunque el cielo esté nublado, porque,  ¿qué sería del sol sin los días de tormenta?

Published in: on febrero 25, 2010 at 18:19  Comments (3)  

Séptima vida viajera…

En un tren; en un tren con destino a un lugar al que no querían ir mis pies. Allí empezó todo. Supongo que todo lo que es ahora mi vida, se lo debo a ese momento. A esas, no sé, cuatro, cinco o quizá más horas de viaje, sentados uno al lado del otro, en las que dejamos de ser unos simples conocidos. Y antes, que me emocionaba con un simple mensaje suyo por el cumpleaños, se convirtió en un ahora lleno de posibilidades. Supongo que ni él sigue siendo el mismo chico que pintaba en mi pierna caracoles y muñecos con rotulador permanente y me enseñaba a poner mi nombre con sombreado, ni yo la chica de gafas ovaladas que escuchaba las canciones de El canto del loco sin creer que todo aquello me estuviese sucediendo. También supongo, que en nuestro nuevo yo hay algo de aquellos chicos, pero lo que sí se es que en mi nuevo yo hay mucho de ese chico, rotulador en mano y también que hay algo de la chica de gafas ovaladas en su ser actual. Y parece todo un trabalenguas, también lo sé, pero es que aún no puedo creer que aquel momento se dejase caer por mi vida hace dos veranos, alborotándola de aquella manera… Y yo que pensaba que era una simple viajera de tren más, que el tren era un elemento de mi vida como otro cualquiera; y por su culpa soy ahora tan feliz…

Published in: on febrero 11, 2010 at 18:26  Comments (1)  

Sexta vida viajera…

Era solo un niño cuando aprendí mi primera palabra en español. Fue en el nacimiento de mi hermano menor. El médico que vino a la aldea a atender a mi madre, lo cogió en sus brazos y la pronunció. No sabía lo que significaba, pero sabía que sería una palabra bella. Los que vimos a aquel hombre pronunciándola con mi hermano recién nacido en sus brazos, supimos,  a pesar de desconocer su significado, que de algo hermoso se trataba. Hace dos años que vivo en este país, ahora escucho todo el tiempo hablar en español y ya sé muchas palabras. Aquí he visto muchas cosas, pero aún no he encontrado el significado de aquella palabra tan  hermosa que escuché. La busco cada mañana, cuando viajo en tren, con la esperanza y la ilusión guardadas en el bolsillo del pantalón con el que abandoné mi tierra. Pero nunca hay un sitio en mis vaqueros para aquella palabra que escuché y el camino de vuelta vuelve a ser el mismo de siempre, ilusión y esperanza desvanecidas. Y en el viaje pienso qué tren será el que se me oculta, cuál será el que me lleve a encontrar esa palabra, que pronunció una vez un médico español al coger al menor de mis hermanos en sus brazos, esa palabra que, si no recuerdo mal decía: <VIDA>

Published in: on enero 31, 2010 at 17:37  Dejar un comentario  

Quinta vida viajera…

Recuerdo mi primer viaje en tren: Atocha-Valdemoro. Tendría unos cuatro o cinco años y mis abuelos me habían llevado a un musical la noche anterior. Brillaba el sol, imposible de ver desde las vías de la estación madrileña. Mis ojos asombrados, mis manos impacientes, mi corazón de niña entusiasmado. De rodillas en el asiento y mirando por la ventanilla me preguntaba hasta dónde llegarían aquellas vías interminables que zigzagueaban y se cruzaban como mis pies patosos al son de una canción; y en silencio y con los dedos cruzados, deseaba que pasara el revisor y me agujerease el billete. Han pasado muchas primaveras desde el día en que se inventó el ferrocarril para mi pequeño mundo. Me miro y mis ojos parecen ser los mismos. Pero ya no me entusiasma este gran invento que cada día me lleva de casa a la universidad y me vuelve a traer a mi regreso. El tren se ha hecho amigo de mis libros y guardián de mi tiempo, compañero a la hora de un examen, cómplice de miradas entre viajeros de hora punta, dueño de mis pensamientos perdidos en los cielos azules de mañanas soleadas. Ahora juego a imaginar la vida de un acompañante, pero sigo sin saber el final de las vías que zigzaguean y se cruzan como siguen haciendo mis pies, patosos, al son de cualquier canción; y me molesta que me pida el billete el revisor. Ahora trato de buscar en cada estación esa magia que asombró a mis ojos, puso nerviosas mis manos y entusiasmó a este corazón que está empezando a envejecer. Y se me va de las manos, como el aire en una mañana de tormenta, porque me cautivan las nubes de este cielo mañanero y desvío la mirada de las estaciones. Me encantan los trenes, porque se hacen parte, lentamente, de cada destino. Pero también me entristecen, porque pesan en sus vagones las lágrimas de las despedidas y el sabor amargo de cada madrugón; y son presos de estas vías que zigzaguean y se cruzan como mis pies, patosos, al son de una canción, rumbo a un lugar al que ningún viajero les puede acompañar…

 

Published in: on enero 26, 2010 at 15:18  Comments (1)  

Cuarta vida viajera…

Todos los días voy al cole con mi madre en el tren. Cuando estoy esperando en la estación y es invierno, tengo frío. Mamá dice que es porque se cuela por los leotardos del uniforme. En el tren, la gente me mira, me saluda y me sonríe. A veces me hacen burla y me sacan la lengua. Ellos creen que soy una niña pequeña, pero eso es porque no saben que ya estoy aprendiendo a escribir. A mi madre no le gusta el camino de ida en tren. Mi mamá es profesora; es una profesora un poco triste. Eso es porque en el cole de mayores en el que trabaja los niños grandes, que hace mucho que aprendieron a escribir , le dicen que le van a pinchar las ruedas. Creo que es por eso por lo que mi madre y yo vamos en tren al colegio, porque el tren no tiene ruedas y no se las pueden pinchar. Mi padre dice que eso es problema de la educación de hoy en día. En mi cole eso no pasa porque ese curso no está; en mi cole se pasa de la Educación Infantil a la Educación Primaria y creo que luego viene la Educación Secundaria, pero la “educación de hoy en día” no la dan,  debe ser la E.S.O, que es en la que mi madre es profesora. El año pasado mi madre estuvo muchos días triste y no iba al trabajo. Mi padre me contó que estaba de baja por depresión, pero yo la veía del mismo tamaño de siempre. No tenía fiebre, pero estaba mucho tiempo en la cama y los martes iba siempre a ver a un médico. Este curso ha vuelto al colegio de mayores en el que trabaja. En el camino de vuelta mi madre sigue siendo profesora; una profesora feliz. Creo que es porque sabe que tenemos garaje y sabe que no pueden pincharnos las ruedas. Cuando volvemos a casa, en el tren jugamos al veo-veo y los demás pasajeros se ríen. Viajar en tren es tan divertido como ir al Parque de Atracciones; puedo quedarme de pie y jugar a que no me tire el tren, pero a veces frena tan rápido que me vuelca y las señoras me preguntan cómo estoy. Ellas creen que soy una niña pequeña, pero eso es porque no saben que estoy aprendiendo a escribir…

 

Published in: on enero 22, 2010 at 18:35  Comments (1)  

Tercera vida viajera…

De pequeño quería ser músico, pero mi padre jamás me compró una guitarra. A los dieciséis años empecé a trabajar y fue lo primero que hice. Nunca hice ningún curso y tampoco se me permitió soñar con el conservatorio o la Escuela de Música. Ahora soy músico. Hace años que no tengo trabajo, los mismos desde los que me dedico a lo que más me gusta. Mi sueldo depende de cómo de contenta se haya despertado la gente, de cuanto dinero suelto lleve encima y de si mi música es un acompañamiento en su viaje o un estorbo. Siempre me acuerdo de la cara de las personas que tienen un buen día, de las que llevan dinero suelto y de las que mueven la pierna derecha al compás de una de mis canciones “robadas” a Sabina. Me acuerdo porque son ellos quienes llenan mis bolsillos. En el tren siempre hay gente y se me hacen los días menos cuesta arriba; en invierno hay calefacción y en verano aire acondicionado y normalmente se me da bien escabullirme de los revisores. Yo no tengo casa, pero si pudiera comprarme una, me gustaría que tuviera forma de tren.

Published in: on enero 21, 2010 at 17:46  Comments (2)  

Segunda vida viajera…

Supongo que al resto de personas les resultará curioso saber cómo se ve el mundo desde aquí abajo, yo ya no recuerdo cómo se ve desde allí arriba. Creo que ir en tren era lo que más temía de la universidad. Allí siempre hay un sitio reservado para mi silla y para mí; y no puedo evitar sentir envidia de los que se quedan sin sitio y tienen que ir todo el trayecto de pie; a ellos parece que no les gusta demasiado. Yo siempre tengo mi sitio reservado, sé el punto exacto donde tengo que esperar para entrar por la puerta que me corresponde. A pesar de que ellos, los demás, saben que siempre tengo un sitio y que, obviamente, no me quedaré de pie, siempre me dejan pasar el primero y luego, ellos sí, se quedan sin un lugar donde sentarse. Entonces, me alegro de ser un viajero de tren, de esperar en la estación donde los minutos se vuelven interminables, porque allí siempre hay alguien que me ayuda a dar al botón para que las puertas se abran y soy uno más de ellos, que va y viene de sus quehaceres, hasta que se baja de ese mundo compartido llamado tren y tiene que esperar un día entero para volver a ser de nuevo un viajero… 

Published in: on enero 21, 2010 at 17:34  Dejar un comentario  

Primera vida viajera…

Viajo en tren por trabajo. Hay mucha gente que detesta los desplazamientos y es verdad que a veces trabajar lejos de casa es complicado: hay que madrugar más y tardas un rato largo en volver a casa, pero el tren me ayuda a desconectar. Me regala un rato para mí misma, un tiempo de lectura o de música. Me obsequia con vistas al infinito, donde puedo sumergir mis pensamientos y dejarlos flotar. El tren tiene un problema y es que termina creando adicción y aunque muchas veces le odie por hacerme correr o por dejarme sin sitio, sé que cuando ya no le necesite, le echaré de menos…

Published in: on enero 20, 2010 at 22:13  Comments (2)  

Yo, soy un viajero de tren.

El tren es un elemento que en poco tiempo consiguió cambiar el curso de las cosas. Viajeros, como yo, con otras culturas, otros idiomas, otras historias, otras vidas, iban y venían contando sus relatos. Yo soy ese viajero fiel a la hora punta, que madruga y corre para no perder el tren y al que tantas veces le toca ir de pie. Yo soy ese viajero que cambia de nombre en cada viaje para contar su historia. Yo, soy un viajero de tren…

Published in: on enero 19, 2010 at 23:10  Dejar un comentario